Poema ganador del V Premio nacional de poesía "Poeta de Cabra", 2017



BIOQUÍMICA


I


Porque el agua no se detiene atravesando estados
sino en la débil ocupación de cada cuerpo,
amo tener la boca,
aún pequeña,
de un pez.


Sé que este aliento brotó a mi lado
en las estrellas.


Después de tantas formas,
a veces sangre,
de tantas lluvias hacia mi frente,
ésta podría ser nieve caminando la noche
o el magma y brillante carbono que fue
o la misma luz que abandonó
vergonzosa el labio de un dios
a la distancia justa en el sistema
para beber los mares,
o un cielo rojo, virgen ponzoña
para volver incesante su voluntad al nacimiento
con el dulce testimonio de haber existido,
de que una de sus manos
por fin haya sido medio para la vida
aún por conocerse.


Pero habito arena
y mi cráneo es un secreto.


No olvidemos que hay algo
del sudor de Rimbaud,
de la bilis de Lorca,
del semen de Whitman
en todos nosotros:


Préstamos inundados saciando
al enemigo.


Y cuando lacre mis bordes:
regad las flores de las que tanto hablo
y nunca he visto,
recordad que morir es darse un baño
al igual que nacer,
escribid mi nombre


junto a gotas azules.



II


El frío, ya esta última noche,
descubre los pasos o puentes,
y seguirá siendo más necesario que ayer
como ejemplo de lo inolvidable.


La materia,
                     de hecho,
tiene la importancia
de saber su lugar,
pero no el camino.



©  Andrés París Muñoz

1 comentario:

Raul Muñoz dijo...

Felicidades. Un hermoso poema.